Un cuerpo se abandona al placer absoluto. Suelto, ligero, ingrávido. Pero el alivio dura poco. «Samsara, un dulce chute de heroína» explora, a través del movimiento, el ciclo de la adicción sin explicaciones ni juicios.
La obra sumerge al espectador en un vaivén entre el goce y el dolor, en la intensidad del consumo, en su alivio, su repetición y su desgaste. Lo que parecía un instante de libertad se convierte en un bucle del que es difícil salir.